lunes 6 de julio de 2009

Las chicas malas van a todas partes


Publicado el 5 de julio en El Heraldo, Revista Dominical.

Foto: Helen Gurley Brown

Desde 1972, Cosmopolitan le ha dicho a las mujeres del mundo cómo tener sexo inolvidable, cómo manipular, seducir, y ganarle la partida al ‘sexo fuerte’.

La última edición viene con los artículos genéricos para el verano: citas para el 4 de julio, los mejores vestidos de baño para tu forma de cuerpo, por qué los hombre son infieles, sexo caliente en la playa, la evolución del look de Jennifer Aniston y secretos para hacer cócteles. Esto, más un manual de posiciones sexuales y ‘tips’ de belleza, resumen el contenido mensual de la revista.

Uno podría pensar esta es una revista tonta para mujeres ‘necesitadas de macho’ y superficiales. Cosmopolitan puede parecer totalmente androcéntrica, gustarle a los hombres es su principal tema y bueno, admitamos que eso vende.

Es una revista para mujeres prácticas, que quieren salir adelante. Yo, que crecí leyéndola en las cajas de los supermercados, aprendí un par de trucos que he puesto en práctica con felices resultados. Aún así lo más importante que me enseñó fue a no pedir disculpas por ser mujer, por querer tirar o por usar un escote. Me enseñó que la sexualidad también es un arma y que no debo avergonzarme de usarla.

¿Cómo? Dirán muchas feministas. Si por lo que hemos luchado durante tanto tiempo es por dejar de ser objetos sexuales, porque no se nos defina por nuestro cuerpo. ¿Cuál es el problema con que nos definan por nuestro cuerpo? Las mujeres pensamos con el cerebro y también con el útero, y una diatriba feminista no va a lograr que seamos menos conscientes de nuestros gorditos o nuestras estrías. ¿Para qué luchar contra la corriente, si podemos usar la corriente a nuestro favor?

Cosmo es repetitiva, pero no está en la quiebra, un logro nada despreciable en un momento en que la crisis económica tiene a tantas publicaciones cerrando. Esto es gracias a su imagen atractiva y sus múltiples aplicaciones empíricas.

El milagro se lo debemos Helen Gurley Brown, quien ha sido la editora de la revista durante más de 30 años. En 1962 publicó el libro El sexo y la chica soltera (Sex and the Single Girl), título que definió a lo que se dedicaría por el resto de su vida. Portada tras portada, nos ha mostrado hermosas mujeres en mini-vestidos escotados, con mucho pelo y labios rojos, como si todas sus modelos fueran imitaciones de Jessica Rabbit.

En el periodo de posguerra las mujeres occidentales recibieron muchos ‘consejos’ (tal vez demasiados) sobre cómo vivir sus vidas. Las solteras que no habían conseguido marido eran objeto de lástima, y las que decidían no casarse eran repudiadas. Durante esos años, Brown era secretaria y después trabajó como ‘copy’en publicidad. Puso su carrera antes que su matrimonio y vivía lo que ella llamaba “un estilo de vida superlativo” en el que se permitió a sí misma actuar de acuerdo con sus deseos sexuales, y más importante todavía: no sentir remordimiento.

Las portadas de la publicación son ejemplos visuales de su filosofía. Brown percibió que a las mujeres también les gusta ver mujeres bonitas. Pensaba que sí, mostrar hace que los hombres miren, pero es bueno que a uno lo miren: la invisibilidad tiene muy pocas posibilidades.

Sus publicaciones están dirigidas a mujeres que buscaban trabajos, no carreras académicas, mujeres que necesitaban un feminismo práctico del día a día, sin elucidaciones sobre qué significa el género y todo el bla bla bla feminista.

Brown entendió, por ejemplo, que sus lectoras, mujeres de clase media, necesitaban ahorrar, por eso les aconsejaba dejar a los hombres pagar, sin que eso las hiciera menos independientes o libres. Cuando le decían manipuladora Brown contestaba “yo juego en la realidad”.

En la realidad han jugado las grandes mujeres de la historia. Estoy segura que Catalina II de Rusia, famosa por sus amantes, habría leído Cosmo, Virgina Woolf, cuyo marido le manejaba una imprenta mientras la dejaba en paz para que escribiera y tuviera aventurillas con otras intelectuales de la época, también habría estado suscrita. Ana Mendieta, Frida Khalo, se hicieron famosas por no tenerle miedo a su sexualidad ni tratar de racionalizarla como si fuera algo susceptible de disertaciones.

Ninguna se quedó quietecita en la casa, eran mujeres que más que saber tejer y bordar, sabían abrir la puerta para ir a jugar/trabajar/tirar. Esto es precisamente lo que Brown nos muestra en su revista, puede ser que las chicas buenas vayan al cielo, pero las chicas malas sabemos que se es más poderoso si se puede ir a todas partes.

Questionario Proust a Helen Gurley Brown, en la revista Vanity Fair: http://www.vanityfair.com/culture/features/2007/08/proust_brown200708

Después fue la gallina


Publicado el viernes 3 de julio de 2009 en www.elespectador.com

Desde que Liliana Pardo le regaló un huevo al presidente Uribe, el jueves pasado, se convirtió en una celebridad. Su nombre arroja 488.000 resultados en Google (pronto, 488.001 por esta columna).

El movimiento Tienen Huevo comenzó con el periódico El Grafitti, que se repartía en las universidades de Cali. En el 2002 quisieron hacer algo más contundente y se lanzaron a la Cámara con Camilo Romero. Se recogieron más votos de los esperados en tres meses. 30 personas hacinadas en una casa del centro de Bogotá improvisaron la campaña. Romero se quemó (a la gente que los apoyaba le dio locha votar), pero la experiencia sirvió para aprender dos cosas: primero que
tenían poder de convocatoria y segundo que la vuelta no era por la política sino por los medios de comunicación. Hacia el 2004 quisieron abrirse a otras ciudades del país y por eso convirtieron El Graffitti en la publicación Tienen Huevo. Liliana cuenta que la vio en una tienda de su barrio y les escribió para vincularse. Tienen Huevo sacó 3 ediciones impresas en el 2004 y se quebró.

Entonces decidieron cambiar el impreso por Internet, y así nació www.tienenhuevo.com. El blog, que se actualiza a diario, ganó el concurso del Blogger nacional de Semana.

“Internet rompe fronteras y barreas, es instantánea, inmediata, le dimos la vuelta al mundo en media hora” dice Liliana, que ahora se ve acosada por entrevistas. “¿Cómo los han tratado los medios?” le pregunto. “La FM está feliz con nosotros, medios regionales como El Heraldo, otros de Internet como www.lasillavacia.com han estado llamando. Caracol está pendiente, pero RCN nada”.

Esto para Liliana es una evidencia de la división de los medios en el país. “Semana tiene huevo, nos puso en bajada por no darle la mano al presidente, y no sabemos nada de Vladdo”. La crítica de Semana, como la de muchos, se centra en los modales de Liliana. Cuando llegó el momento de darle la mano se vio rodeada por la guardia presidencial. Decidió no hacerlo, no ser una lady. Eso no habría sido consecuente. “A mi me impresiona lo que indigna a la gente en este país; los crímenes de estado no les molestan, pero si alguien no da la mano, eso sí es terrible”.

“¿Qué cree que hizo Uribe con el huevo?” pregunto. “Espero que se lo diera a sus hijos, ellos también tienen huevo.” El gesto de Liliana, aunque no es el primer ataque de Tienen Huevo (en el 2007 le reventaron uno a Juan Manuel Santos), ha convertido a este item de la canasta familiar en un arma, en un símbolo de la inconformidad, con un slogan poderoso, efectivo y fácil de recordar. Me dice que lo que pretenden es poner a pensar a la gente, provocarla a que opine y salga del facilismo y la apatía.

¿Por quien votaría Liliana? No sabe. “A todos los que podían hacer algo los mataron”. “¿Quiénes son esos?” le pregunto, “Gaitán… Garzón. ¡Garzón es nuestro gallo!” Para Tienen Huevo el humorista es un modelo de política que usa los medios y la parodia, y esto es lo que les parece más efectivo. “El huevo no es política, es opinión y humor”, me dice Liliana, yo pienso es las tres.

Liliana trabaja como voluntaria para proyectos sociales en Cazucá. Su trabajo le muestra lo mal que está el país y por eso no entiende porque muchos colombianos aseguran que vamos bien. “¡Todos tienen huevo!” me dice, y afirma que ella tampoco es de izquierda, porque a la izquierda le falta humor, por eso no me contesta quién le gusta más, si Petro, o Gaviria o Lucho. Las izquierda es aburrida y mamona, se toma todo muy en serio, por eso muchos jóvenes, aunque están de acuerdo con sus ideas no se sienten identificados.

Por eso esta es una iniciativa valiosa. Permite la identificación de demografías a las que antes les daba lo mismo la política. Viene espontáneamente de un grupo de jóvenes, es barata e independiente. Lo mejor es que no son los únicos. Últimamente hemos visto en Colombia varias acciones políticas jóvenes, como la manifestación de Porte su dosis de personalidad y las animaciones de El pequeño tirano (www.parodiario.tv). Aunque siguen siendo underground, han sido iniciativas exitosas porque han sido reconocidas y difundidas gracias a la Internet, un territorio mediático que sigue siendo democrático y que en gran medida está en manos de nuevas generaciones.

Me llama la atención que Liliana me hable siempre en plural; es una maña bastante izquierdosa. Aún así lo entiendo, Tienen Huevo está convirtiendo en una causa política (pollítica, dirá ella) y de ahí que sus declaraciones vengan en nombre de todos los involucrados. En un país donde siempre había sido primero la gallina: las instituciones, el establecimiento, la política tradicional; empieza a verse un cambio. Hay jóvenes que están haciendo política sin untarse de los medios tradicionales. Ponen primero el humor, la inexperiencia, los mensajes crudos, el huevo. Es probable que con el tiempo este tipo de gestos pierdan su frescura, pero cuando se conviertan en gallina, sabremos siempre, que primero fue el huevo.

domingo 28 de junio de 2009

¡Michael Jackson tu papá!

lunes 22 de junio de 2009

La estocada


Publicado el viernes 19 de junio de 2009 en elespectador.com, y el sábado 20 de junio de 2009 en la sección de Opinión, del periódico El Espectador, edición impresa.


Hay una peñonera en Irán y yo me enteré por Twitter.

Twitter es un servicio gratuito de microblog, que hace las veces de red social y que permite a sus usuarios enviar mensajes por la web o desde un teléfono móvil. Estas actualizaciones se muestran en la página de perfil del usuario, y son también enviadas de forma inmediata a otros usuarios que han elegido la opción de recibirlas. Lo último que imaginaron sus creadores es que sería un medio para la revolución. Cuando más, estaban pensando en hacer plata.

En el peor de los casos Twitter se iba a convertir en el medio para que estudiantes borrachos le terminaran a sus susodichos en no más de 140 caracteres. Nunca se imaginaron que tuviera que ver con el gobierno Iraní. Sin embargo, las redes sociales, con su aplanamiento surreal del mundo, han hecho posible algo tan inverosímil.

Después de la elección en Irán, los gritos de protesta de quienes apoyan al candidato de la oposición Mir-Hossein Mousavi, se oyeron en las calles. Más que en las calles, en un medio que ni siquiera existía la última vez que Irán tuvo una elección: Twitter. Y, ¿Qué hace a Twitter el medio del momento? Es gratis, portátil, muy personal y rapidísimo. También está hecho para difundir noticias rápidamente. Twitter es la sublimación del "¿en qué estás pensando?" de Facebook. Una y otra vez, sus usuarios envían cortos mensajes a todos sus seguidores. El resultado es un flujo de ideas sueltas que van desde lo trivial (se me partió una uña), lo profundo (tengo una encrucijada del alma), lo práctico (nos vemos a las 5) y links, muchos links, de noticias inmediatas y cosas que suceden en la web.

Ustedes me dirán que en la web no suceden cosas y que eso suena como un montón de autistas hablando solos. Lo último es cierto. Los twitteros hablan solos por ahí, como lady Macbeth (lejos de mi esta horrible mancha, habría twitteado ella). Lo primero es cierto. En la web sí suceden cosas, internet es un territorio virtual en donde se arman líos y se tejen relaciones que estiran la mano, desde su virtualidad, hasta la polvorosa vida real.

Pero, se preguntarán, para qué sirve una tecnología que me permite decirle a 50 amigos, a la vez, que voy a desayunar un redbull y un buñuelo. ¿Aburrido? Es más interesante de lo que parece. El escritor Clive Thomson dice que esto es una hiperconciencia del ambiente. Siguiendo estas frasecillas aparentemente insignificantes uno tiene un vistazo de las rutinas del día, de los amigos. ¿Bobo? No, así como no es bobo llamar a los amigos a preguntarles el que andan. De hecho, Twitter tiene la ventaja de que elimina del vocabulario el insoportable "¿Qué máaaaas?"

Twitter permite, opinar, y difundir noticias inmediatamente. Por eso es ideal para mover masas. Imaginen lo que hubiera sido el Bogotazo si hubiera existido Twitter. En junio 13, cuando las protestas por el nombramiento de Ahmadinejad empezaron a dimensionarse, el gobierno iraní trato de callarlas, y Twitter explotó con mensajes de gente que se oponía, en farsi, en ingles, en español, hasta con emoticons.

Aparecieron tweets de este tipo: "a las dos de la mañana llegaron agentes a la casa de mi vecina y se llevaron a su hija", "regimientos Ashora se mueven de Valiasr a la estación nacional de televisión. Allí están ya quienes apoyan a Mousavi. Entre esos, mi padre.", "Hay una muerte en Shiraz. Fuego abierto en otras ciudades."

Las virtudes de Twitter son sus mismas debilidades. No podemos comprobar las fuentes de toda esta información, no se sabe quién escribe. El sentido común impide que Twitter se convierta en una herramienta para la anarquía porque se necesitan dos dedos de frente para saber que Twitter no es información para tomar tan en serio. Pero, ¿a quién le importa si es verdad? Su honesto desafío a la certeza es algo que no tienen otros medios "más respetables". Twitter no comenzó la protesta en Irán, pero fue leña para el fuego.

Yo no soy ninguna experta en los problemas políticos iraníes, pero me enteré por Twitter, y eso me obligó a prender la tele y ver esas manos catapultando escombros. Ahora resulta que Irán me interesa, porque, aunque no sé quién tiene razón, siento mucha curiosidad por la protesta. Twitter magnifica las repercusiones políticas de las protestas y eso es bueno porque dificulta el accionar de los gobiernos totalitarios, que gobiernan por la fuerza, y controlando el consenso de la opinión y los medios. La tiranía, en otras palabras, es un monologo, y Twitter, con su esquizofrenia de voces, lo ha herido de muerte.

Diatriba contra un hombre con caspa

Publicado en la Revista Soho, edición de junio de 2009.

¿Qué es lo que más asco le puede producir a una mujer de todas nuestras cochinadas? Para Catalina Ruiz-Navarro, la columnista de El Espectador, la respuesta pesa sobre los hombros. Una caspa de diatriba.

No puedo escribir esto sin rascarme compulsivamente la cabeza. Pensar en la caspa me produce paranoia, como si burlarme del problema despertara la justicia divina, y fuera yo a convertirme en una casposa horrible con un cuero cabelludo hojaldrado que arruinaría mis posibilidades de ser feliz.

Y sí, la caspa es como un nevado-obstáculo-infranqueable. Más que asquerosa, la caspa es imperdonable, no hay excusa dermatológica que pueda absolver a un casposo. La caspa es un condimento para el rechazo, una flaqueza en la fibra moral. ¿Por qué? Porque a la gente le da caspa porque quiere. En el siglo XXI la caspa es un problema remediable, a menos que, claro, uno sea un sucio asqueroso, un idealista mamerto, un flojo asocial que deliberadamente no compra champú en su esfuerzo por repeler.

La caspa permea el cerebro y produce casposos ladrones de CD, esos tipos que se van antes de pagar la cuenta, que no devuelven los libros y siempre se les "olvida" comprar condones. Por eso en los comerciales, quien se libra de ella resulta ser un triunfador yuppie que sale a perrear a las discotecas, un casposo por defecto que se ha quitado un peso de los hombros, pero su personalidad carga las escamas.

Un casposo es imperdonable porque confía ciegamente en su belleza interior. La sociedad, más que su desidia, castiga su ingenuidad. Su desafío a las convenciones de la gente nice produce reacciones viscerales. Tal vez por eso, ni los irreverentes héroes de ficción han tenido caspa: ni Jesús, ni Scarlett O'Hara, ni Hannibal Lecter: la caspa no permite el heroísmo, se puede admirar incluso a un personaje sucio e impertinente, como Huck Finn, pero estoy segura de que Tom Sawyer no le habría dirigido la palabra de haber fijado los ojos en un polvillo blanco sobre su hombro.

Dice mi mamá que hay un casposo social que es al que simplemente le cae "nieve en el saco", como el man del bus en el comercial contra la cocaína que ganó tantos premios. Aquí en realidad los casposos son ambos, el periquero y el sucio. Ah, y los publicistas, casposos también por su inteligencia nauseabunda (claro que al menos no son los de la mata que mata).

Un amigo cuenta que su jefe tiene caspa y es bajito. Mi amigo lo mira fijamente desde su estatura y su limpieza, y disfruta la pequeña venganza de ensañarse con las costras que se caen al piso, dejando un rastro de ADN. A veces, dice, quiere matarlo, pero ¿y si una escama delatora quedara en su ropa? Él sabe que la caspa deja rastro, el rastro de la malparidez existencial, del descuido.

Dice María Luisa que la caspa es de puro manteco. Sobre hombreras de paño se ve aún peor. Las dos aseguramos no haberla tenido, ni haber salido con un man que la tuviera. En las familias de bien hay cáncer, hay maricas, hay embarazos adolescentes, pero ¿caspa? Caspa nunca. La caspa es aberración de aberraciones; coprofilia, vaya y venga, pero la caspafilia es inimaginable. La gente funciona con todos sus orificios en las formas más inverosímiles, pero la caspa no tiene fetiche, y menos siendo, como informa Wikipedia, extensiva a la ingle.

Cristina dice que tal vez si le diera caspa a un tipo después de que ella ya lo quiere, y ya lo vio cortarse las uñas de los pies sin salir corriendo, podría soportarlo. Es decir: la caspa es una cosa tan horrible que solo se perdona con amor. Imagínese, no basta el cariño, ni la simpatía, se necesita amor: un conocimiento tan profundo, una familiaridad tan clara, una ceguera tan legendaria; amor es lo único que puede compensar la repulsión que la caspa produce.

Como yo soy más bien "de buenas en el juego", me entra un terror sombrío. Un ejército de casposos me perseguirá en mis pesadillas, una maldición se conjura en este momento, ¡Dios mío! Si me da caspa, no habrá piernas largas que valgan, ni pestañeo posible, y ya mi cabeza pica, ¿es la crema para peinar? No sé. En mi uña aparece una escama blanca, semitransparente: es el fin. ¿Me querrán María Luisa, Cristina y mi mamá mañana? ¿Tendré una vida de escritora miserable que habla desde su ensañamiento contra la sociedad que la rechaza?

No. Por eso se inventaron el champú.

martes 16 de junio de 2009

Gótico Tropical


Publicado en la Revista Dominical del periódico El Heraldo, 14 de junio de 2009.

“El Caribe es una contradicción. ¿Qué hay más gótico que Salgar? ¡Salgar es un pueblo gótico!”. Esto me dice María Isabel Rueda, sentada en su apartamento en Bogotá. En las paredes se ven algunas de sus obras, otras de amigos suyos, y de resto, blanco. En el cuarto tiene una foto de su gata, “que se murió hace poquito”, me cuenta muy triste, y que era su hija.

Gótico tropical. La afirmación puede parecer desconcertante, pero empieza a tener sentido a medida que uno habla con María Isabel, tal vez una de las artistas jóvenes más brillantes que ha dado la Costa. Sus obras, insospechadamente, resultan de una crudeza Caribe que desconcierta. “Nacer al lado del mar, descalza, ¿en qué medida nos afecta?”, duda cuando le pregunto si se considera una artista costeña. ¿Qué diablos será ser costeña, más aún ser una artista costeña?, me pregunto yo. Ahora mi consulta parece estúpida.

No hay nada en su obra de las frutas, las negras, las faldas, los colores, la ricura, la pereza, la calle, el calor, los abanicos, que se han venido a asociar con el arte costeño, si es que eso existe, gracias a pintores como Obregón, Grau, Rosario Heinz (con los que se han encariñado tanto los hoteles y las brochures turísticos). Su obra es pálida, un poco lánguida, inmóvil, como con una sensación de eternidad que remite a lo europeo. María no es una costeña dorada y voluptuosa, parece, más bien, un muñequito de Tim Burton.

Pero su obra es costeña. O eso al menos es lo que yo siento. Las dos sabemos que vivir al lado del mar sí la ha afectado. Cuando veo su trabajo, de una forma inverosímil, pienso en el mar. “Desde la Costa se ve la vida diferente”, me dice. “Yo he vivido en Bogotá, y no pertenezco al estereotipo del Caribe, pero sí se ve la vida diferente”.

María Isabel ha reflexionado sobre el estereotipo latinoamericano. En Lo uno y lo otro, una serie de fotografías sobre El Che, retrata gente muy variada con la camiseta del revolucionario. Nos pone a pensar sobre Latinoamérica como un producto, como una marca, y dice: “Nos une lo que nos venden.”

El retrato también fue el tema de una de sus obras más conocidas, Vampiros en la Sabana, que son una serie de retratos de personajes góticos (vampiros) encontrados en Bogotá. Los retratos, en blanco y negro, hablan de lo que sería el título de su revista: Gótico Tropical. Los personajes, hieráticos y blancos, aparecen entre la vegetación de la zona tórrida, y bajo el sol brillante de la sabana.

Las fotos sirven como documento, en este caso son documento de los fantasmas. “Es un chiste”, me dice, “no se puede documentar la fantasía. Estas fantasías existen solo porque tenemos el elemento foto. Pero la foto no es un documento, porque involucra la mirada de quien la toma”. Tal vez en realidad nada puede ser un documento, porque los documentos tienen un supuesto objetivo, que no existe, así que nunca se puede escapar a la mirada.

¿De dónde viene la mirada de María Isabel? Ésta es mi teoría: viene del Caribe.

Más allá es su última exposición en la Galería Casas Reigner de Bogotá. Las fotos, tamaño pliego, parecen hacer huecos en las blancas paredes de la galería. Son ventanas por las que entran soledad, y brisa, calientan el cuerpo y hielan el alma.

Es un tema del romanticismo, pero en caliente. María Isabel dice que se acordó de Friederich, un pintor alemán que mostraba los acantilados y las tormentas, con pequeños personajes torturados, cuyo espíritu era el paisaje.

Una de las fotografías de Más allá, captada en el muelle de Puerto.

Aquí los torturados son tranquilos bañistas, como los burgueses felices de los cuadros impresionistas. La luz también es luminosa, como en Monet. Por eso las fotos hablan de ser feliz e insignificante, dulce y trágico a la vez. El paisaje se vuelve retrato, excusa y alegoría.

Sobre esta obra, varios críticos han señalado reflexiones geopolíticas: la frontera azul del Caribe, pensar al país desde sus bordes. María Isabel dice que le parece bien que digan eso, pero que ella no piensa tan conceptualmente, busca crear sensaciones, los sentimientos primero. En Más allá, la artista toma la mirada de voyeur y lo convierte en un espectador de campo abierto, que se esconde bajo el sol, y gracias a su insignificancia frente al paisaje.

Esa vuelta al romanticismo es un desafío a la modernidad. María Isabel dice que el proyecto de la modernidad está caído, y eso es interesante si tomamos en cuenta que ella tiene obras como The End y Mano en el fuego, que son dibujos o animaciones hechas con acrílico negro, y con un estilo entre cómic y neoclásico.

Pero claro, ese neoclasicismo también es un chiste porque sus temas son el amor y la tragedia, la muerte, el desastre. La modernidad caída son las ruinas del Muelle de Puerto Colombia. Son los espacios vacíos. La naturaleza que le ha ganado a la máquina.

“El Carnaval de Barranquilla es gótico”, afirma, “lo de Joselito, las viudas llorando… ¡La Costa es oscura! Uno tiene el estereotipo de lo surfer, ¿quieres torsos desnudos? Mira los flagelantes, tomando ron, con un picó, eso sí que es raro.”

Me dice que no hay nada más gótico que La Guajira. Tiene razón, después de todo, se mete hasta el mar así, como si pelear quisiera, como engreída, como altanera. El adjetivo me resulta extensivo hasta el vallenato.

Tiene sentido que el Caribe sea gótico, la región le baila a la muerte en un largo garabato, y se ríe, pero de su exilio, su olvido y sus tristezas. Barre bajo los párpados, como si fueran una alfombra, lo macabro de las Bananeras, los tugurios con hambre, la soledad escabrosa de saber la inmensidad del mar.

Suena el teléfono y es una amiga con un chisme. Yo tengo que bajar a comprar un CD para que me queme las fotos, y en las escaleras viejas y retorcidas de su edificio, veo cómo se imponen unas baldosas aguamarina. Después de todo mi pregunta tiene sentido.

María Isabel habla de un Caribe cálido que hiede a peste negra. Un Caribe seco y trágico que aparece también en los cuentos de Cepeda Samudio, en los poemas de Gómez Jattin. Es un Caribe medieval, terriblemente real, que se esconde como maleza entre las rendijas de los colores y la algarabía. Un Caribe gótico y tropical.

www.flickr.com/photos/mariaisabelrueda/


El mejor desinfectante


Publicado el 5 de junio de 2009 en elespectador.com


Los más de 100 millones de usuarios de Facebook corren el riesgo de estar siendo espiados o estudiados.
A la hora de crear un perfil pueden agregar, bajo su responsabilidad, información personal detallada, desde un currículum vitae hasta sus hábitos alimenticios. El portal puede ser utilizado como una herramienta de segmentación para eficaces campañas de marketing e incluso para tesis académicas. ¿Y qué?
La baronesa Susan Greenfield, en una intervención que hizo en el parlamento inglés el 12 de febrero de este año, sugirió que las comunidades virtuales podían afectar los sistemas básicos del cerebro para producir experiencias placenteras. La hipótesis de la baronesa es que esto llevará a las mentes de mediados del siglo XXI a infantilizarse, tener cortos periodos de atención, propensión al sensacionalismo, inhabilidad para empatizar y un sentido difuso de la realidad. De nuevo, ¿y qué?
Quejarse no puede echar el tiempo atrás ni frenar el auge de las comunidades virtuales. Son cambios en nuestras interacciones sociales a los que tenemos que adaptarnos antes que renegar. Conozco algunos pocos que no están en Facebook, unos por rebeldes, otros por conservadores, otros por convencidos de que es una conspiración, en fin. El único resultado de tanta prevención es que los excluyan de eventos sociales, conversaciones, y que el resto de la gente tuerza los ojos cada vez que tenga que hacer el esfuerzo de mandarle un e-email, a su correo electrónico y no a Facebook.
Es cierto que a los usuarios pueden espiarnos y estudiarnos, y que tanto quizzecito tonto nos hace perder el tiempo. Pero unas por otras. Facebook es una vitrina en la que uno se muestra, puede semejar las vitrinas de Amsterdam, o tener un vidrio mohoso, según queramos. Que subieron una foto suya que no le gustó, destaggéese, es fácil. Que se emborrachó y la foto la va a ver su jefe, pues, quien lo manda a emborracharse, o a tener un jefe mojigato. Ser mosquita muerta es de mal gusto. Si usted es un beodo, tal vez ese puesto de prefecto de disciplina no sea idóneo para usted.
Yo no sé por qué la vida privada debe ser tan privada. Si no quieres que se sepa, no lo hagas. El ojo público es el mejor regulador social. Si la gente minimizara sus secretos el DAS no tendría tantos problemas. Si usted cree que algo que va a hacer será reprobado socialmente, no lo haga, o al menos no lo haga en público, y ojo, que hacerlo frente a una cámara, hoy por hoy, es hacerlo público. Facebook, además de boletiarnos, funciona muy bien para hacer contactos, facilita las interacciones sociales para los tímidos, los flojos y los ocupados. Y si su preocupación es que sus datos estén en internet, no se preocupe, porque ahí están hace rato.
En 1954 apareció el libro Seducción del inocente, del psiquiatra Fredric Wertham. El libro alertaba contra los efectos negativos de los medios masivos de acogida popular, en su momento, los comics. Estas preocupaciones no se han disipado desde entonces, de satanizar el comic, se pasó a la televisión, a la música rock a los videojuegos y así.
Cuando se inventó la lectura, esta afectó cómo pensábamos, y nuestras expresiones visuales, y eso no fue necesariamente virulento. Efectivamente hay relación entre el uso excesivo de internet y los desordenes de atención, ansiedad social y depresión, pero también hay resultados sorprendentemente positivos. Gary Small estudió en la Universidad de California, en los Ángeles, cómo respondía el cerebro a los estímulos de un buscador de internet. Se compararon cerebros cibernautas asiduos con otros que apenas navegaban. Descubrieron que los tecnócratas usan, al tiempo, más zonas del cerebro, no sólo la parte visual y de lenguaje, sino también regiones frontales que se ocupan de la toma de decisiones y la memoria a corto plazo.
Nuestros cerebros, nuestra manera de interactuar socialmente y comunicarnos están cambiando aceleradamente. ¿Y qué? Nos estamos adaptando a un nuevo medio, que requiere otras habilidades y que tiene diferentes prioridades. Los cambios nos son buenos o malos, son sólo cambios. El miedo masivo a la globalización y democratización de la información no va a hacer que éstas se detengan. Tal vez en el futuro, eso de que los trapos sucios se lavan en casa, será simplemente una elegía a la doble moral. Facebook invade nuestra privacidad, pero nos obliga a lavar los trapos sucios afuera, y eso es fantástico, después de todo, el sol es el mejor desinfectante.